sábado, 2 de agosto de 2014

LA GRAN LUCHA DE CHARLIE YAN POR LA VERDAD

          Charlie Yan llegó al edificio. Se acercó a una alta puerta acristalada que estaba abierta de par en par. Sobre la puerta sobresalían caracteres chinos de color dorado que anunciaban que aquél era un auditorio conmemorativo. En lo alto del dintel, una tela blanca y una negra se unían en un nudo con forma de ramo de flores, y sus extremos caían a los lados de la puerta. Según se acercaba, Charlie pudo apreciar el ajetreo que había dentro de la sala. Era una sala blanca, de techos altos, salpicada de columnas que delimitaban el centro del lugar. En esa parte central cuadrada, abierta al piso de arriba, llegaba la luz desde los ventanales superiores, iluminando la decoración. Una gran cabeza de dragón chino dejaba colgar su lengua desde uno de los lados del hueco central, y su colorida cola rodeaba las columnas del lugar. Abajo, el trajín era mucho más grisáceo. Un puñado de hombres iban y venían por la planta baja, entre las sillas, los maceteros y los andamiajes que estaban usando para colocar los ornamentos. Parece que estuvieran preparando algún tipo de evento. Algunos iban de traje y otros iban en buzos de trabajo. Algunos llevaban bolsas, otros, cajas.

        Charlie Yan se asomó al interior con cierta precaución. Sin darse cuenta, sus manos ceñían las solapas de su abrigo gris, dejando ver parte de su llamativo interior amarillo. Desde la puerta, Charlie descubrió un grupo de mujeres sentadas en el centro de la sala, en torno a una mesilla, haciendo algún tipo de trabajo manual. Reconoció a la que había ido a buscar y entró con decisión en el salón. A medio camino, ella le vio. Miró alrededor y levantó la voz hacia un hombre trajeado que estaba dándole indicaciones a alguien subido a una escalera.

—¡Alan! —llamó ella. Pese al movimiento que se adivinaba en el lugar, reinaba allí un gran silencio, por lo que su voz, que ni siquiera había sido un grito, produjo un eco que llamó la atención de todos los presentes. El tal Alan dejó lo que hacía y también se giró hacia el intruso.

—¡Yo no le maté! —dijo Charlie dirigiéndose a Hanna, que tenía una mirada temerosa en la cara.

—¡Llamad a la policía! —gritó Alan.

—¡Esperad, por favor! —Algunos trabajadores se acercaron a Charlie—. Si le hubiera matado yo —le dijo a Hanna—, ¿crees que habría venido a verte?

—¡Cogedle! —dijo Alan. Dos hombres tras Charlie se lanzaron contra él y le sujetaron por los brazos. Charlie intentó resistirse.

—¡Por favor, escúchame, déjame decirte sólo una cosa! —Otro hombre se acercó a Alan:

—¿Llamo a la policía?

—¡Espera! —indicó Alan.

          Uno de los hombres que retenía a Charlie le cogió por el cuello. El resto de las mujeres que estaban con Hanna se levantaron y corrieron para salir de la sala. "¡Es el asesino del señor Padrino!", gritaban mientras se iban. Charlie se revolvió y logró zafarse de sus captores. Alan y el otro hombre se acercaron amenazadoramente, pero Charlie cogió una silla plegable de madera que tenía a mano y la levantó entre él y ellos.

—¡Esperad! —bajó la silla y levantó los brazos hacia ellos en señal de pausa—. Escuchadme. —Miró a Hanna:

—¿Me puedes decir por favor dónde se esconde tu hermano?

—¿Por qué le quieres? —preguntó Hanna, aterrorizada.

—¡Porque sólo tu hermano puede probar que no soy un asesino!

          Hanna se levantó con lágrimas en los ojos.

—¡Fuiste tú!

          Alan lanzó de pronto una fuerte patada al costado de Charlie. El golpe le hizo retroceder varios metros, hasta caer apoyado contra una fina mesa plegable.

—¡Acabemos con él! —gritó Alan enfurecido.

          Charlie vio cómo se acercaba un hombre con jersey blanco. Charlie cogió la mesa en la que estaba apoyado y la arrastró contra el hombre que venía. El hombre de blanco cayó, pero Alan pateó la mesa hacia Charlie, que tuvo que saltar para evitar el golpe y cayó sobre la propia mesa. Charlie aprovechó el momento para lanzarle una patada a Alan, y aunque no le dio, le hizo achantarse. Otro hombre de blanco, el que había querido llamar a la policía, levantó la mesa en la que estaba Charlie desde un extremo, haciéndole caer por el otro lado. Charlie consiguió caer de pie y levantó de nuevo los brazos hacia los hombres para que parasen, pero otro nuevo desconocido, este enfundado en un traje oscuro, le arreó una patada por la espalda y le hizo caer de morros sobre otra de las mesas plegables.

        Mientras el trajeado cogía una silla de madera, Alan levantó la mesa en la que estaba Charlie, haciéndole caer. Alan lanzó entonces la mesa boca abajo contra él, que estaba en el suelo, pero Charlie rodó rápidamente bajo la mesa que estaba justo al lado y esquivó el mesazo. El trajeado le lanzó la silla plegable, que por suerte rebotó contra la mesa bajo la que estaba Charlie y salió despedida. Charlie se levantó cogiendo a modo de escudo la mesa bajo la que se había ocultado. El trajeado y el del jersey blanco fueron a atacarle, pero Charlie les bloqueó con la mesa y comenzó a girar sobre sí mismo. Otros dos hombres de blanco se acercaron y Charlie lanzó la mesa contra ellos, lo que les hizo retroceder, pero se prepararon para meterse también en la pelea.

          Alan y sus secuaces se habían agrupado, y una vez más, Charlie se dirigió a ellos intentando hacer una señal de paz, pero estos empezaron a lanzarle sillas plegables. Charlie se agachó para esquivar la primera, y tuvo que saltar para esquivar la segunda, sin embargo consiguió coger al vuelo la tercera y se la lanzó de vuelta. Uno de los que habían retrocedido cuando había lanzado la mesa le sujetó por la espalda, pero Charlie consiguió deshacerse de su abrazo con un par de saltitos y extendiendo sus brazos repentinamente, para recibir justo entonces una patada baja de parte del segundo compañero, que pudo parar a duras penas.

        El que le había cogido hacía un momento le agarró por los hombros desde atrás y tiró hacia él. Charlie tuvo que girar y agacharse para no caerse, lo que le salvó de recibir un puñetazo que el compañero le había mandado a la cara. Su abrigo gris y amarillo le pasó por encima de la cabeza, y Charlie sacó su brazo derecho de la manga del abrigo para lanzarle un eficaz puñetado lateral al compañero que acababa de intentar pegarle. Mientras el tipo caía, Charlie usó el brazo que todavía tenía metido en la manga del abrigo para cubrir la cabeza de quien le estaba sujetando, y estuvo a punto de darle un puñetazo, pero al verle en aprietos bajo el abrigo, se detuvo. Su contrincante intentó mandarle una patada alta, pero Charlie la vio a tiempo y pudo pararla. El tipo aún tenía el abrigo enrollado alrededor del cuello, así que Charlie tiró de una de las mangas hacia el suelo y le hizo caer de bruces.

          Alan y el otro hombre trajeado llegaron entonces y comenzaron a golpear a Charlie. Charlie estaba aturdido por el frenético ataque y recibió varios golpes. Tras dar varios puñetazos, Alan le colocó una patada en todo el esternón y Charlie cayó, resbalando por el suelo. Charlie cayó junto a una caja de cartón y no dudó en lanzarla contra Alan y compañía. Alan le dio un golpe a la caja en el aire para evitar que la caja le diera a él y un montón de papeles con ilustraciones salieron volando por el aire. Mientras caían hojas por todas partes, el trajeado y otro de blanco que se había unido se enzarzaron en una pelea con Charlie. Charlie consiguió lanzar primero al de blanco a un lado. Después, esquivó un puñetazo del trajeado y le aferró su otro brazo desde detrás. Le golpeó en la espalda y el trajeado se revolvió, dándole un codazo. Charlie cogió al trajeado por la americana y le lanzó haciéndole girar por los aires.

          Mientras tanto, Alan había recibido un palo largo y fino, decorado en color rojo, del hombre que había propuesto llamar a la policía. Dicho hombre cogió un palo él también y repartió a los otros. Charlie miró alrededor buscando dónde esconderse. Vio que algunas mujeres estaban en un extremo de la sala presenciando la pelea. Los hombres corrieron hacia Charlie con los palos en la mano y Charlie retrocedió hasta una de mesa plegable que había quedado tirada boca abajo en el suelo. Alan lanzó un golpe sin piedad sobre la cabeza de Charlie, y Charlie levantó la mesa plegable justo a tiempo para parar el impresionante zurriagazo. Consiguió para otro golpe de la misma manera, y se ayudó de las piernas para lanzar la mesa hacia Alan, lo que obligó a este a echarse atrás. La mesa cayó boca abajo sobre el montón de papeles que habían caído hace unos segundos, y provocó que unos cuantos volaran de nuevo.

          Dos hombres de jerseys blancos llegaron con sus palos y Charlie consiguió alejar sus golpes poniendo la mesa que estaba en el suelo ante ellos, primero a un lado y luego al otro. El que venía por la derecha logró acercarse y Charlie tuvo que agacharse para no tragarse un zasca con sabor a madera en los piños. Con un golpe de pierna, Charlie arrastró la mesa en el suelo hacia aquél hombre y una de las patas de la mesa le dieron en la pierna, lo que consiguió hacerle tirar el palo y ponerse a cojear. El que venía por la izquierda comenzó a lanzar sus mandoblazos a diestro y siniestro. Charlie esquivó los dos primeros, pero tuvo que detener los dos golpes siguientes con los antebrazos. El hombre le intentó golpear entonces de abajo a arriba. Charlie se echó para atrás, pero su contrincante se había quedado en tal posición que no fue difícil para Charlie cogerle y lanzarle a un lado.

          Alan volvió logrando darle otra fuerte patada en el pecho. El impacto hizo que Charlie perdiera el equilibrio y retrocediera varios pasos, y justo cuando Charlie creía que iba a caer hacia atrás, oyó un fuerte sonido metálico y algo le paró bruscamente.




¿QUÉ LE OCURRIRÁ A CHARLIE YAN?
¿QUÉ TENDRÁ QUE HACER PARA GANAR LA PELEA?
¿CONSEGUIRÁ LIMPIAR SU NOMBRE?

CONTINUARÁ...

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