martes, 22 de enero de 2013

El excesivo


El problema, o lo que distinguía a Raúl, era que se tomaba las cosas muy a pecho, hasta experimentarlas en toda su apoteosis, o exprimirlas hasta el límite de lo excesivo.
Cuando le dijeron que la risa es salud, instaló en su rostro una sonrisa imperecedera que condimentaba frecuente e incesariamente con risas y carcajadas. Era su forma de asegurarse la inmortalidad. Pero su inmortalidad se vio truncada por un inoportuno esguince de mejilla.
Ahora ha descubierto las reglas mnemotécnicas y está empollando todo el saber de la Humanidad en orden cronológico inverso. Se ayuda de gestos, palabras similares, enlaces en la memoria, papelitos por la habitación y otros muchos métodos más. Calcula que, si puede volver a sonreír, en los próximos 300 años llegará al Big Bang.

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