lunes, 14 de enero de 2013

El terror de la confusión entre el recuerdo y el conocimiento

Todo el mundo parece muy seguro, todos saben quiénes son. Todo el mundo tiene un padre y una madre, todos parecen tener claro que llegarán lejos. Tienen más amigos de los que pueden disfrutar.
Esta es mi particular traducción del comienzo de la canción Wishes and Stars, de Harper Simon. No tengo más que halagos para la factura entera de esta canción. Lo que más me impresionó cuando la oí las primeras veces es que me parecía que siempre estuvo ahí. Entraba tan suavemente como si la conociera de antemano. Tan clara era la sensación que no pude menos que empezar a elucubrar locuras sobre su causa: ¿se trataba, quizás, de un conocimiento por reminiscencia platónica; había conocido aquella música en un plano abstracto, común a toda la pre-materia, antes de ser consciente de conocer las cosas? ¿O la reminiscencia era de otro carácter?, me pregunté al descubrir que el tal Harper Simon era hijo de Paul Simon, el Simon de Simon and Garfunkel. ¿O –me empecé a preguntar mientras me empezaba a saber la canción de tanto escucharla había sido aquello una retroactivación de mi consciencia futura, ya que, como ahora sabía, terminaría por conocerla al dedillo? ¿O incluso, aunque inverosímil, acaso lo que pasaba era que aquella canción me sonaba muy bien, tanto como para adormecer mis sentidos, asaltarlos de improvisto y hacerme creer que la conocía, a pesar de no haberla oído jamás antes?

¿Qué clase de déjà vu fue aquél, déjà entendu; en qué consistió aquella paramnesia? Sólo he encontrado preguntas, y sus posibles respuestas nunca me terminan de satisfacer. Aquella canción que tanto me apasionó (y aún lo hace, aunque intente negármelo), se ha convertido ahora en el puente a un misterio que viste de inocente muñeca pero cuya alma es de monstruo implacable. Precaución al escuchar (y cuidado con ver el videoclip, está hecho para distraer de la naturaleza verdadera de la música).

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